“Agosto”: Trapitos al sol de Oklahoma

En Argentina fue Norma Aleandro y en España, Amparo Baró. La protagonista de Agosto (super-premiada obra de teatro del dramaturgo Tracy Letts) siempre fue llevada a las tablas por las actrices más importantes de los respectivos países que emprendían la puesta. Al momento saltar al cine estadounidense las opciones eran escasas y predecibles, en una industria donde las actrices mayores de 50 años en actividad se cuentan con los dedos de una mano. El rol central de esta historia sobre una disfuncional familia de las planicies de Oklahoma terminó recayendo, como era de esperar, en Meryl Streep.

Como Agosto es, ante todo, un relato que gira en torno a sus personajes, la selección del elenco es la pata fundamental. La historia se dispara tras la desaparición del padre de familia (John Shepard), excusa más que suficiente para reunir a personajes fuertemente vinculados entre sí pero distanciados, resentidos y que ocultan traiciones (como diría uno de los personajes, “unidos por una casual combinación de células”). La premisa recuerda gratamente a otras historias que también se apoyan mucho en la estrategia de enormes actores para grandes personajes, por ejemplo The Big Chill (1983) y Peter’s Friends (1993).

En Agosto, todo gira, como un huracán, alrededor de la esposa del hombre que desapareció. Hablamos de la cruel Violet, con una Meryl Streep en un inestable pero atrapante equilibrio entre la actuación sublime y el desborde ególatra pasado de rosca. Sus tres hijas plantean polos disímiles: la ácida Bárbara (Julia Roberts), una frágil Ivy (Julianne Nicholson) y Karen, una superficial inmadura interpretada por Juliette Lewis, quien a los 40 años deja atrás sus habituales adolescentes conflictivas, pero sin abandonar cierto costado trash que casi siempre acompaña sus caracterizaciones. Alrededor de este cuarteto femenino se desprenden las ramas de un árbol genealógico que completan Benedict Cumberbach, Chris Cooper, Margo Martindale, Sam Shepard, Dermot Mulroney, Abigail Breslin y un Ewan McGregor algo desaprovechado en un personaje más plano que el resto.

Ante tan nutrido casting y con una exigencia actoral que no podía solamente llevarse por la inercia de sus nombres principales, uno de los más notables aciertos está en su director, John Wells. ¿Qué tiene este ex productor para aportar a semejante historia? Justamente, su pasado con una de las series de televisión que más se apoyó en la sobresaliente calidad coral de una multitud de personajes: ER Emergencias. El programa, creado por el escritor Michael Crichton, se mantuvo en la pantalla por nada menos que quince años. Al pie del cañón estaba a Wells, ganando un currículum soberbio en lo que a antecedentes de manejar grandes castings se refiere. Es que ER no era sólo una serie-de-médicos. Fue sin dudas una de las experiencias de drama televisivo más fructíferas de la década del ´90, con un enfoque multifacético de una historia tan compleja y poblada como el hospital público en el que transcurría la mayor parte de la trama. Wells fue el nombre propio al final de 394 capítulos de un drama que marcó época y cuyo caballito de batalla era el manejo de largas secuencias filmadas con decenas de actores que caminaban frente a la cámara haciendo saltar la atención del espectador con una maestría atípica, más propia del teatro que de los planos cortos y picaditos de la tele.

Agosto, en ese sentido, mantiene la claustrofobia teatral de una historia pensada para transcurrir en un solo lugar. Las escenas que se desarrollan en exteriores dan algo del aire necesario en el cine, pero que no llega a desentonar con el agobio y los treinta grados centígrados de Oklahoma que asfixian esta historia de rencores familiares.

Calificación: puntuacion 4

Trailer:


Por Malena Baños Pozzatti

No hay comentarios.

Agregar comentario