BARS 14: “Chimères” de Olivier Beguin (2013)

Los vampiros son personajes tan maravillosos como antiguos y viven en el imaginario popular gracias a las fantasías ficticias que suelen ofrecer diferentes medios. Sin embargo, en los últimos años estos grandiosos y necesarios personajes sufrieron una terrible enfermedad que los dejó al borde de su muerte en dos mundos tan significativos e importantes para ellos: La literatura y el cine.

Esa enfermedad, ese cáncer, fue “Twilight”, conocida en nuestro país como “Crepúsculo” en sus dos versiones (libros y cine). Si la saga literaria de Stephenie Meyer fue un tiro a la cabeza para “Dracula” de Bram Stoker (la novela que dio vida a estos personajes), las películas protagonizadas por Kristen Stewart y Robert Pattinson significaron la hoguera para las producciones realizadas por Friedrich Wilhelm Murnau, Tod Browning y Terrence Fisher, entre otros.

Levantar ese cuerpo moribundo, destrozado, al borde de las cenizas, no es una tarea sencilla. Sin embargo, gracias a que todavía existe gente que reconoce lo grandioso que se hizo en el pasado y está dispuesta a trabajar respetando las bases que allí se sentaron, de a poco estamos recuperando las esperanzas.

Hubo (y seguramente las hay todavía ahí afuera) grandes películas con vampiros como personajes centrales en los últimos años: “The Hamiltons” de The Butcher Brothers (2006), “30 Days of Night” de David Slade (2007),“Let the Right on In” de Thomas Alfredson (2008), “Let Me In” de Matt Reeves (2010) y “Livide” de Alexandre Bustillo y Julien Maury (2011).

Precisamente esta última producción, de origen francés (país que revitalizó el terror europeo), se presentó en el BARS 11, lo cual es un indicio de que este festival es una de las fuentes que todavía respeta el buen cine de vampiros.

Chimères” de Olivier Beguin es una producción suiza que vuelve a poner una marca muy alta de superar en las producciones hechas con estos queridos y sangrientos personajes, básicamente por dos aspectos. En primer lugar la originalidad de su historia, que plasma un realismo muy interesante en el modo de contar sus hechos y los caminos que recorren sus protagonistas. El detonante que provoca que Alexandre (Yannick Rosset) empiece su proceso de transformación es llamativamente realista y creo que pocas veces visto en esta clase de películas.

El segundo aspecto es que, a partir de ese realismo basado en la originalidad que propone el guión, se construye una fuerte base para asentar la relación que tienen los dos protagonistas y las decisiones que toman en conjunto.

Alexandre, lejos de familiarizarse con la idea de ser un vampiro, toma esta vuelta del destino como una enfermedad que lo mantiene lejos de sus verdaderos placeres por lo que su novia Livia (un enorme trabajo de Jasna Kohoutova) hará lo imposible para que pueda seguir adelante con su vida.

Si a “Chimères” le sacas el tema del vampirismo, parece una película que refleja la lucha impulsada por el amor hacia una enfermedad crónica o terminal por parte de una pareja que tiene la vida por delante.

Aunque no hay que confundirse: Beguin siempre quiere narrar es un buen cuento de vampiros y el resultado que termina ofreciendo esta producción es entonces un drama, con altas cuotas de suspenso y muchísimos litros de sangre que a medida que avanzan los sucesos serán cada vez más difíciles de conseguir.

Y así, a medida que “Chimères” se empieza erigir como la gran película de vampiros que es, el director parece mantenerse alejado de la postura idealista y más fascinante de estos personajes ofreciendo cuotas de realismo y violencia en sus dos primeros actos.

Pero la sorpresa, el broche de oro que convierte en palabras mayores a esta película, es el toque mágico y original que ofrecen Beguin y Colin Vettier (guionistas del film) en el final del relato, que consiste en mostrar la violenta crudeza que solían ofrecer las grandes producciones antiguas de estos personajes, quienes inspirados por el amor, son capaces de realizar cualquier cosa.

Sin embargo ese grandilocuente final ofrece también una cuota de humanidad tan honesta y tan bien encastrada dentro de su historia que deja en ridículo cualquier intento anterior por tratar de humanizar a los vampiros.

Un vampiro que sale de día, tiene la piel brillosa, no toma sangre porque es vegetariano y lleva adelante su vida sin remordimientos ni sufrimiento alguno, no es un vampiro: Es uno de los inventos más pelotudos que se hizo en los últimos años.

Un verdadero vampiro, uno clásico, es alguien que sufre su destino, pero sin embargo está dispuesto a luchar contra él y contra todos aquellos que pongan en riesgo su existencia, aun sabiendo que el verdadero monstruo con el que tiene que lidiar está dentro suyo y la única cura de su enfermedad corre por sus venas.

Chimères” ofrece eso. Por lo tanto, no solo es una de las mejores películas de vampiros de los últimos años gracias a su originalidad, su alto nivel técnico y sus excelentes actuaciones, sino que también es una brisa de aire fresco tan necesaria para este subgénero.

Solo equivale en términos de felicidad a litros de sangre y oscuridad absoluta para un vampiro. Un verdadero vampiro.

Calificación: puntuacion 5

Trailer:

Facundo J. Ramos

ramos.facundo@revistatoma5.com.ar

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  2. […] popular y se revitalizaron gracias a muy buenas propuestas como “Let Me in”, “Livide”, “Chimieres” y hasta la mismísima “Dracula […]

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