PARANOIA: Moralismo 2.0

Pasaron 16 años desde la última vez que Harrison Ford y Gary Oldman se enfrentaron en el cine. Fue en “Avión Presidencial” (1997), una película que costó 85 millones de dólares y recaudó más de 300 millones. Con el estreno de “Paranoia” queda al desnudo una alarmante situación en Hollywood: las mega estrellas a las que se les deposita la responsabilidad de generar éxitos de taquilla, son viejas y esquivan (o ya no les dan) roles centrales. Poco y nada puede hacer el australiano Liam Hemworth (“Los Juegos del Hambre”) para defender su rol de protagonista en este film. Con la actuación deslucida y sosa de quien debe pagar derecho de piso, la atención y la prensa se la llevan los secundarios. Oldman y Ford vuelven a colocarse como rivales interpretando esta vez a los ambiciosos jerarcas de dos corporaciones que fabrican teléfonos celulares.

“Paranoia” quiere ser una historia sobre espías, un thriller de acción con el atractivo extra de los chiches tecnológico actuales pero a duras penas mantiene una coherencia narrativa y, más allá de eso, está poblada de lugares comunes y resoluciones ya no sólo previsibles, sino también cargadas de moralina. Es, en el fondo, una nueva reiteración del más banal e ingenuo cuentito sobre lo que está bien y lo que está mal.

Hemworth encarna a Adam Cassidy, un pibe atractivo, talentoso y temperamental, que es despedido de la empresa en la que trabaja y decide vengarse reventando la tarjeta de crédito de su antiguo jefe. “No puede hacer nada peor que despedirnos”, le dice a sus amigos para convencerlos de una noche de juerga pagadiós. Pero el jefe en cuestión, Nicolas Wyatt (Oldman), que no por nada es uno de los tipos más poderoso de Nueva York, atrapa a Cassidy y lo amenaza con llevarlo a juicio por fraude a menos que haga un trabajito para él. La misión es infiltrarse como empleado de Ikon, la marca competidora, y robarle al otro mandamás, Jock Goddard (Ford), la fórmula del nuevo celular que pronto lanzará al mercado.

A partir de esa premisa, “Paranoia” se mueve continuamente por la senda de lo obvio, con una historia que, para colmo, por momentos se estanca. Aburre. Y debemos agradecer que sólo dure una hora y media. Como padre del protagonista encontramos al veterano Richard Dreyfuss (“Tiburón”, “Encuentro Cercanos”), quien hace lo que puede con un vínculo padre-hijo enmarcado en los soporíferos lugares comunes del film.

Cassidy, endeudado hasta el cuello con el sistema sanitario debido al avanzado cáncer de su papá, amenazado con ser llevado a juicio y con la presión que le genera el gran sueño americano (sí, desde el principio se nos dice que esa es una motivación), se ve forzado a echar por la borda -un ratito- su código ético, pero en un dilema interno que nunca alcanza la intensidad necesaria. Además, hay un sinfín de elementos metidos con calzador, como el personaje de Josh Holloway, a quien seguramente recuerden por el papel de Sawyer en “Lost”. Su rol en esta película como agente del FBI en apenas tres escenas, adquiere un insólito peso en un desenlace que sólo entierra más y más al argumento en una fábula obtusa y moralista.

Gary Oldman lo dice en un momento: “No hay bien ni mal”. Pero miente. Miente porque es malo, un malo sin matices, porque sí. Y Hemworth es bueno, también porque sí. Casi con la misma rotundidad podemos calificar a la película. “Paranoia” es la mímica de una película con presunto vuelo realista que cae en el maniqueísmo más básico de Hollywood otra vez, con una historia que ya se nos contó mil veces de mejores manera. Quiere ser lo que no es y, en el fondo, sólo resulta una versión ingenua de “Pinocho” con smartphones.

PUNTUACIÓN: 

puntuacion 1,5

 

 

TRAILER:

Malena Baños Pozzati (colaboradora)

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