“El chico de la bicicleta”: Una lección de vida

El cine europeo (belga en este caso) ha sido considerado siempre como la expresión artística que marca y superpone los parámetros entre la fineza de sus tramas y la simpleza de sus recursos, logrando así filmes de culto pero de una gran calidad. Una dupla referente en la actualidad de la cinefília europea son Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne.

En su última producción los belgas demuestran que, a pesar de la oscuridad, soledad y las penumbras de sus argumentos, siempre se puede materializar una esperanza implícita con un dejo de sutileza para el espectador. El niño de la bicicleta es un drama contado desde el punto de vista de la dureza de la niñez y todos los problemas que puede traer la soledad.

La película empieza de golpe, casi sin preguntar ni preparar al espectador. Nos presenta al joven Cyril (Tomas Doret), un niño abandonado por su padre en un orfanato, escapando en busca de su bicicleta, que había dejado en manos de su padre (Jéréremie Renier, conocido por ser uno de los protagonistas de la reciente Elefante Blanco, de Pablo Trapero) y la que será el nexo entre él, su padre y el mundo exterior durante el transcurso de la trama.

Fieles a su estilo, los hermanos dejan en claro desde el inicio que los principales protagonistas del film serán la soledad, la desesperación y el abandono, aunque la aparición de la peluquera Samantha (Cécile De France) en la vida de Cyril marca un quiebre en el estilo “dardennesco”, ya que será este personaje el encargado de mostrar el aspecto racional, bello y hasta esperanzador de la historia. La contraparte de Samantha será Wes (Egon Di Mateo), un joven que a priori se muestra agradable pero que de a poco va dejando al descubierto su oscuridad y su objetivo de convertir a Cyril en un ladrón al que le vio un potencial inexistente.

Pocos recursos, trama intensa. Esta parece ser la formula de éxito que los Dardenne llevan a cabo tan magistralmente, generando un filme menos desesperante y con más luz que una de las aristas mas representativas de su estilo, la exasperante Rosetta. Sin duda el principal antagonista de la película será el artífice de los miedos y problemas de Cyril, su padre Guy Catoul. A su vez será el motor de autodescubrimiento de Cyril y lo que le permitirá ver que el mundo es un lugar hostil y arrasador pero que la luz al final del túnel está y solo es cuestión de caminar (o andar en bicicleta) para poder llegar.

Por Sebastián Espíndola

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