“La última pelea”: Los hermanos sean unidos

De vez en cuando aparecen películas que sorprenden gratamente por ofrecer algo completamente distinto de lo que los responsables nos quieren vender. O mejor dicho, de lo que nosotros entendemos que ellos nos quieren vender. También muy de vez en cuando aparecen películas que son completamente ignoradas por los grandes reconocimientos de la industria (premios, festivales y criticas “especializadas”) pero que repercuten de gran forma en un publico no tan masivo. Y generalmente, estas películas, cuando logran esa repercusión y esa aceptación por parte de los espectadores terminan formando parte de alguna terna o consiguen alguna nominación de algún premio importante solo para figurar entre los que tienen más chances (y más amigos, contactos u dinero) en lo que damos por entendido que se trata de un acto de “misericordia” de la industria.

El año pasado hubo dos grandes ausentes en los premios Oscars (que son los de mayor relevancia dentro de la industria del cine). Una de esas notables faltas la esteralizó “Drive” de Nicolas Winding Refn que solo consiguió una nominación en un rubro técnico. La otra gran ausencia fue la de “Warrior”, película que me resignaba a ver por lo que había entendido que me querían vender a través de un mediocre avance, que solo estuvo nominada en una categoría (Mejor actor de reparto para Nick Nolte), de mayor relevancia sí, pero solo una en definitiva.

Después de un tiempo sin poder emitir opinión del film y hasta hace unos días que finalmente se confirmó que esta película no se estrenará en nuestro país decidí darle una oportunidad al nuevo trabajo de Gavin O’Connor quien hace unos años atrás me sorprendió con el interesante policial “Pride and Glory”, donde Edward Norton, Noah Emmerich y Colin Farrell interpretaban a un grupo de policías que se relacionaban entre si por la amistad, la hermandad y los inteligibles limites entre lo heroico y lo corrupto.

El mayor temor que tuve a la hora de ver “Warrior” fue de que esta se tratase de una especie de película aduladora de un deporte violento como lo son las artes marciales mixtas y que además estuviese plagada de otras lecturas u intenciones tales como vender el patriotismo yanqui u apelar a los golpes bajos para conseguir la lagrima fácil y así colarse entre las películas en donde todo, absolutamente todo, es malo y peligroso para sus personajes con tal de lograr sensibilizar al espectador (lease “Precious” de Lee Daniels).

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Pero para mi suerte, y seguramente para la de muchas otras personas, estamos frente a una película que al contrario de todo eso, se esmera por tratar de contar una historia emotiva sin necesidad de caer en lugares comunes para nada deseables y que a su vez cuenta con una alta factura técnica, un elenco de lujo y un guion y una dirección digna de aplaudir. Una muestra de que no todo esta perdido dentro del genero dramático, que además combina también, y de formas muy correctas, pequeñas dosis de acción y de espíritu deportivo.

“Warrior” de Gavin O’Connor esta dividida claramente en dos partes, que aproximadamente duran una hora y diez minutos cada una (me tome el trabajo de medir el tiempo) y que, si bien forman parte de un mismo mensaje, ofrecen sensaciones complementarias y distintas. Otro claro ejemplo, al igual que “Drive”, de que es posible realizar películas que atraviesen diferentes estadios sin dejar de pertenecer a una misma unidad. Todo el secreto esta en que el realizador sepa trabajar con las medidas justas de lo que quiere ofrecer y generar en el publico.

La primera parte de este film se enfoca y concentra en sus protagonistas, que son dos hermanos (Edgerton y Hardy) que perdieron contacto desde adolescentes debido a un fuerte conflicto familiar, y el padre (Nolte) de ambos que años después de aquel episodio todavía no consiguió ni el perdón de sus hijos ni tampoco el reencuentro entre ambos. Cuando el hijo más joven va en busca de su padre, sin ninguna intención de recomponer la relación sino tan solo para darle una mala noticia, surge la posibilidad de empezar a luchar de forma profesional en un torneo de artes marciales mixtas pero para eso necesitará de la ayuda de su padre, quien fuese un gran entrenador. El otro hermano, el mayor, a quien el padre aprecia por considerarlo como el que mejor pudo sobrellevar la crisis familiar, es profesor en un colegio secundario y tiene una apacible familia que solo se ve amenazada por un problema económico que parece no tener solución visible.

Durante todo este tramo del film O’Connor se esmera por hacer lucir sus personajes y para eso no solo cuenta con el guion que lleva su propia firma, sino también, con un trío protagonista que se reparte de forma equitativa el peso de la historia entre sus hombros sin dejarla tambalear en ningún momento, ofreciendo así una primera hora interesante que sin apelar a los golpes bajos ya da indicios de que lo que se vendrá para la segunda parte sera igual o mucho más emotivo.

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La relación entre el padre y el hijo menor (interpretado por un gran Tom Hardy) sin dudas ofrece algunos de los mejores momentos del film en cuanto a lo dramático y si bien el personaje de Edgerton (el hermano mayor) todavía no aparece en la ecuación, su historia y sus problemas son igual de atrapantes y significativos para el espectador.

Pero la película, como dijimos anteriormente, esta dividida en dos partes y el inicio de la segunda mitad esta incluso notoriamente marcado por la secuencia de entrenamiento en la que suena de fondo “Listen to the Beethoven”, parte de la imponente banda sonora que Mark Isham compuso para este film y que es uno de sus mejores trabajos hasta la fecha.

Si la primera parte que esta atravesada por el drama cotidiano de los problemas familiares ya de por si es interesante por la forma en la que se desenvuelven las cosas, la segunda mitad agrega un condimento que la hace mucho más épica aun y es que ambos hermanos, para salir adelante de sus distintos problemas, deciden ingresar en un torneo mundial de UFC (Ultimate Fighting Championship) donde se tendrán que medir frente a los mejores luchadores de artes marciales mixtas, capaces de dejar al borde de la muerte a cualquiera que se cruce en su camino.

Y es aqui, en el tramo final de la película donde el que se roba todos los aplausos es aquel a quien nosotros no vemos, pero sabemos que esta siempre allí: el director.

O’Connor la rompe, no solo por llegar al punto máximo de emoción posible con su guion, en lo que es una media hora final para colgar en un cuadrito, sino también por dirigir como los dioses todas las secuencias de peleas que son realmente impresionantes y están cargadas de un realismo como pocas veces hemos visto. Pareciera que estamos viendo un verdadero torneo de peleas estilo mixto, no quedan dudas. Pero hay más, por que también el realizador ofrece unos planos geniales que son connotativamente un reflejo de lo que despierta un deporte popular en el publico que lo sigue y ademas crea también unos pequeños microclimas de suspenso en las peleas donde a uno le dan ganas de comerse las uñas u patear algún mueble cercano debido lo imprevisibles que son.

La banda sonora de Isham, que en la primera parte era un simple decoro, aquí toma un protagonismo notable musicalizando todos los combates de forma épica y magistral para ir llevando al espectador hacia un final ambiguo, que todos queremos ver pero que al mismo tiempo no.

Así como al principio de esta critica dije que una de las razones por las que no me llamaba la atención ver esta película era su mediocre avance (que cierra esta critica) en el cual se anticipa que habrá un combate entre los dos hermanos arriba del ring, tengo que admitir que teniendo eso en mente durante toda la película me costo creer que los últimos treinta minutos del film fueran tan emocionantes y tan sorpresivos.

Si con “Rocky” (1976) de John Avildsen solo bastaba para emocionarnos que un boxeador desconocido le ganara arriba del ring a un campeón mundial en un combate agónico, en “Warrior” solo alcanza con que los hermanos se suban arriba del ring para que el nudo en la garganta sea insostenible y las lagrimas estén al borde del precipicio. Y con esto no quiero minimizar el clásico interpretado por Stallone, sino que al contrario, quiero trazar un paralelismo entre aquel film y el que nos tiene en cuestión, ya que ambos hablan de lo mismo.

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La lucha no es arriba del ring, sino abajo, diariamente, en la vida cotidiana y todos los problemas que puedan interponerse en ella. El contexto es independiente y a veces no hace falta estar frente a una boxeadores ni deportistas para hablar con quienes le dan pelea a la vida, sino que hasta el más simple ser humano puede ser un luchador en la vida. El cine tiene que ser explicito, cuando quiere ser honesto y sincero, y que mejor alegoría o combo perfecto que un luchador dentro y fuera del ring para emocionarnos como espectadores.

Si el drama deportivo nació e hizo escuela con aquella película escrita por Sylvester Stallone y su glorioso final (y vaya si lo hizo), tiene aquí una de las mejores discípulas de la mano de “Warrior” de Gavin O’Connor.

Los últimos 30 minutos son más que emotivos, pero el combate final musicalizado con el tema “About Today” de The National es directamente para la lagrima, así de fácil.

Estamos frente a una gran película, no quedan dudas, por varios aspectos; Su dirección y guion, sus actuaciones y su banda sonora, pero sobre todo por su claro y sencillo objetivo de emocionar a través de un inoxidable sub-genero como lo es el drama deportivo que a veces es mucho más eficaz que otras vertientes del genero. Sin dudas, el drama deportivo más logrado de los últimos años.

Cine que emociona siendo honesto, sin tener dobles lecturas y sin demasiadas aspiraciones, pese a que tiene todo lo necesario par hacerlo sin problemas y erigirse como una de las mejores películas del año.

Cuando hay una gran historia para contar, hay talento y capacidad, salen productos realmente recomendables e imperdibles como este. Vale la pena emocionarse con películas así. Siempre.

Trailer:

* “Warrior” se editó en DVD nuestro país bajo el nombre de “La última pelea” por la empresa AVH el 10 de octubre del 2012.

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