Luther, un policía fallido y perfecto.

Ver Luther es quedar extasiada, agotada, casi al borde de los sentidos. Y por qué no decirlo, un poco enamorada de John Luther, el detective en jefe de la policía londinense interpretado por Idris Elba.

Ahora medio que ya todo el mundo sabe quién es, sobre todo después de Pacific Rim, pero antes, al que no había visto Luther pero era del clan seriéfilo había que decirle: ¿te acordás de Stringer Bell de The Wire? Bueno, ése es el protagonista de Luther”.

La serie empieza con una situación complicada. Un tipo negro y grandote persigue a otro, blanco y esmirriado, en lo que parece una fábrica abandonada. La persecución los lleva escaleras arriba. Perseguidor y perseguido corren sobre una pasarela y el perseguido queda colgando al romperse el piso. Dilema del perseguidor, que ahora sabemos es policía y es Luther: ¿ayudarlo a subir o dejarlo caer, una vez que ha confesado lo que era necesario saber? Esto no es spoiler, es el comienzo mismo de la serie. Ya sabés a lo que te atenés desde el minuto cero.

Este hecho desencadena toda la serie de eventos que veremos en las tres temporadas de la serie yque no son pocos. La vida de John Luther cambia sustancialmente luego de que ese tipo cae y se hace torta contra el suelo. Luego de pasar un tiempo fuera de la fuerza (vamos, que es jodido que se te caiga un sospechoso, eso te tiene que dejar alguna que otra secuela psicológica), Luther vuelve a su antigua división, con su antigua jefa, un nuevo compañero y ya sin su mujer, Zoe, que lo ha dejado por otro. El caso con el que se reincorpora a la actividad policíaca no parece demasiado complejo, hasta que aparece ella, Alice Morgan.

Alice no va a ser una persona más en la vida de John. Alice es tan inteligente que se aburre y encuentra en Luther alguien interesante y atractivo con qué entretenerse. Porque los demás, para Alice, somos un “qué”. La extraña atracción entre ambos es, a la vez, la más difícil de encontrar y definir. Lo que no nos ayuda a entenderla es que Alice Morgan es una psicópata (¿sociópata?) y todas sus acciones hay que tamizarlas por ese filtro. Todo lo que hace para ayudar a que Zoe vuelva a los brazos de su ex puede no salir de la manera deseada, y no sabemos si es a propósito o no. Solo sabemos que hay un lazo que se trenza entre Alice y John y se tornará más y más complejo a medida que pasen las cortas, cortísimas pero intensas temporadas (6 episodios la primera, 4 la segunda y 4 la tercera y última).

Hasta acá, no pareciera que esto fuera algo distinto a lo que vemos. Un policía que establece un lazo con una delincuente que se hace querible a los ojos el espectador. Seguimos con la temática de los personajes moralmente cuestionables (Hannibal Lecter, Walter White, Dexter) que al ser tan bien narrados, nos engatusan y nos hacen quererlos. La diferencia es que Luther roza todo el tiempo el margen de la legalidad y es consciente y es sensible a esa rotura de límites, que sabe le cuestan cada vez más caro. Pero Luther tiene un contrapeso. Hay alguien que se encargará de que no se vaya de mambo, y ese alguien es su nuevo compañero, el que pidió específicamente trabajar con él: Justin Ripley. Ripley es un personaje que crece poco a poco en importancia hasta ser crucial, y del que también nos enamoramos. Porque no sé ustedes, pero yo al menos todavía me enamoro de los idealistas.

Luther no deja de ser semi-procedimental. Hay unos cuantos casos que serán resueltos, pero esos casos irán mellando tanto la psiquis como la reputación del protagonista. John Luther no es un tipo cualquiera y que se atenga tan fácilmente a la letra escrita de la ley (que a veces considera inútil, porque lo es). Sumado a que tiene una tendencia horrible a que las cosas le salgan mal y a que lo traicionen, con esa mala lecha a cuestas, es posible que su vida sea, efectivamente, una porquería. Esto hace también que uno lo quiera, porque es un loser que no se resigna a que las cosas sean como son: corruptas, sucias, injustas. Lo que plantea Luther es cuál es el límite siendo que uno es ejecutor de las fuerzas de la ley y el orden y hasta dónde pasarlo es legal, el borde o ilegal, qué lo justifica y si eso es regla escrita o depende de los estándares morales de cada uno.

Ya les digo, no esperen finales felices porque no los van a encontrar. Van a maldecir, tal vez llorar y van a encontrar que no solo en Argentina/Latinoamérica existe la corrupción policial y de funcionarios. Que Europa no es perfecta como nos pensamos y que la justicia por mano propia tampoco es patrimonio único del Ingeniero Santos sino que es moneda corriente en todo el mundo.

Luther no es para ver como un simple pasatiempo. Es brutal, emocional y sensacional. Es una experiencia que, si te gustan las series, no te podés perder.

Leticia Bellini

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