Por qué amar Doctor Who.

Hay una gran diferencia entre ver series yanquis y series inglesas. Los yanquis alargan las cosas, le dan vueltas a la historia en un total de capítulos insanos y uno se cansa. Los ingleses no, ellos compactan. Hacen las cosas más ágiles y dinámicas y, más que nada, saben hacia dónde se dirigen. Y ese es su secreto: saben cómo narrar una historia… y es en este punto en el cuál Doctor Who gana todas las medallas.

Elogio de la diferencia

Estamos acostumbrados a ver al otro extraño como el malo que nos persigue, quiere comer o arrasar con la raza humana. Pero, cuando corremos la mirada y hacemos foco en lo que no es mainstream, encontramos otros que son por el mero hecho de ser y no por oposición. En Doctor Who esa idea es central. Otros mundos, otros seres, otros tiempos y sistemas que pueden ser existir, si sabemos mirar con el filtro correcto.

Somos lo más importante porque somos.

Empecé a ver la serie en 2011 y me encontré con muchas citas que apuntar, conceptos que atesorar para reutilizar en el futuro; porque Doctor Who no es una serie más, no es una de esas series que ves al pasar y de la que te olvidaste a los dos días. Es de esas que se queda, para siempre, con uno.

Lo que más me llamó la atención en ese primer momento, cuando conocí a Nine (Christopher Eccleston) es el constante machacar de la idea de que: no estamos solos, no estamos perdidos, no somos insignificantes piezas en un tablero mayor, no somos una mota de polvo arriba de un cuadro viejo. Cada uno de nosotros importa porque somos fundamentales para el funcionamiento de ese, tal vez, Todo Universal. Somos parte de algo que nos supera, nos abarca y nos compete. Somos todos importantes solo porque somos únicos e irrepetibles. ¿Lugar común? Quizá… pero el Doctor lo dice después de 900 y pico años de vagar por el Universo en su TARDIS, conociendo una gran variedad de razas, conociendo tanto el amor como el odio… Vale la pena creerle ¿No?

Personajes que son personas

Es tan fácil enamorarse de un buen personaje… Uno lo piensa, intenta descifrar cómo fue construido, si está basado en alguien de verdad, por qué tiene esas características y no otras. Quizás lo mejor es que, años después, aún no logro descifrar al Doctor, sigue siendo un misteri y me sorprende a cada paso.

Con 900 años, después de perder a toda su raza en la Guerra del Tiempo y ahora dedicándose a vagabundear por la historia sin más armas que un destornillador sónico, su amplísima experiencia y la TARDIS. Pero no es bueno que el hombre esté solo, aparecen los acompañantes que lo centran y evitan que sea todo lo malo que puede ser. Porque el Doctor está lleno de amor pero también de oscuridad, resentimiento, culpa y dolor.

Ver el mundo a través de los ojos de otro no es más que aprender a valorar la experiencia ajena. Suena fácil, hasta parece fácil, pero es lo más complicado de todo.

Plantarse ante el mundo o ser espectador pasivo; hasta dónde satisfacer la necesidad propia sin tener en cuenta las consecuencias que eso pueda traer; sacrificar a miles o salvar a uno. Estos son solo unos pocos de los dilemas que la serie nos plantea sin solemnidad ni artilugios de golpe bajo. Elegir una vida estática o una vida de aventuras es sólo una de las muchas capa que tiene esta cebolla que se llama Doctor Who y cumple 50 años este sábado.

Y que nos va a reunir a todos en el cine para celebrar, en armonía y junto a él.

Leticia Bellini

No hay comentarios.

Agregar comentario