¿Por qué amar Sherlock?

Con el diario del lunes es fácil decir por qué Sherlock estaba destinada a hacer historia. Con dos de los mejores guionistas actuales, un par de actores que parecen haber nacido para sus respectivos papeles, historias escritas como para dar cátedra y una adaptación fiel y a la vez con personalidad propia… casi podríamos decir que el éxito era el resultado obvio de esta modernización del personaje de Conan Doyle. Sin embargo, la propia idea de actualizar a Sherlock Holmes fue un desafío inmenso. Podía ser una adaptación ingenua, inverosímil o hasta irrespetuosa. Pero resultó ser Sherlock.

COMO DOS GOTAS DE AGUA

Decir que es TV suena a poco porque los capítulos de una hora y media que comprenden cada temporada de Sherlock son de calidad cinematográfica. Cada episodio adaptan una aventura clásica trasplantada a un presente realista, con todo lo que eso implica: tecnología, tensiones políticas e idiosincracia del Londres contemporáneo. Un acierto de Sherlock es haber encontrado el equilibrio en mostrar un contexto actual no idealizado, con personajes que a pesar de su antiguedad quedan perfectamente amalgamados con nuestra época.
La única diferencia entre el Holmes que craneó Conan Doyle y el Sherlock que parieron Steven Moffat y Mark Gatiss, es que el primero era drogadicto y el muchacho que interpreta el monumental Benedict Cumberbach es apenas un fumador recuperado. En todo lo demás, este Sherlock es el mismo personaje, tal como sería si hubiera nacido unos treinta años atrás. La sutileza con que los guionistas pudieron deconstruir y luego volver a armar al detective de Baker Street, solo pudo ser posible con una condición: el profundo amor y respeto al original.
Sherlock mantiene la lógica, el modo de ser y el repelente encanto del antiguo y, así como en los libros de Conan Doyle, desata su potencial en el pingpong con un Watson entrañable que moldea Martin Freeman, veterano inglés que vio reinventada su carrera gracias a la historia más famosa de Gran Bretaña.

INVESTIGAR EN LOS TIEMPOS DE GOOGLE

Moffat acierta, una vez más, en contar lo trillado de una manera que no se le había ocurrido a nadie: tomando un enigma policial de otra época y extrapolándolo a nuestros días con la complejidad narrativa que exige la TV actual. Más allá de que el gran peso se lo llevan los diálogos (una constante batallas dialéctica) también hay un gran apoyo en lo visual. La tecnología no es un mero añadido, sino un elemento funcional al guión y a lo estético. Sherlock construye tramas complejas apoyadas en el lenguaje 2.0 de textos flotantes que aparecen en escena mostrando sobre qué chatean los personajes o qué búsquedas hacen en internet. Y esa textura tan moderna en ningún momento ensucia el respeto a la original.
Un detalle: Watson lleva las riendas narrativas pero a través de un blog que, en una acertada jugada de marketing, se puede visitar en www.johnwatsonblog.co.uk

Mirá el último tráiler y volvete fan.

Malena Baños Pozzati

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  1. […] descubrimos nada cuando decimos que Martin Freeman es un actorazo. Lo vimos en “Sherlock” y en “El Hobbit” -por nombrar lo más reciente- y acá podemos verlo sacar lustre a su […]

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