Se nos fue un grande: Dexter

Esta semana fue la despedida de Dexter, una serie que nos mantuvo atrapados durante ocho temporadas y que tuvo un final que separó en dos a sus fanáticos: aquellos que les gustó contra aquellos que lo odiaron.

Creo que mi visión sobre el último episodio se vio modificada cuando, al buscar algunos datillos llamativos sobre la serie, me di cuenta que hace cuatro temporadas Dexter no lograba emocionarme como antes. Pensando que la serie tuvo ocho temporadas… el número CUATRO suena muy fuerte. Cuando me di cuenta le escribí por whatsapp a mi mejor amiga diciéndole “Hace cuatro temporadas que Dexter ya no es lo que era… ¡Qué fuerte!” y es porque después de Rita (su punto más alto) la serie comenzó a ir en caída; teniendo momentos respetables y momentos que ya no se aguantaba más.

(Si todavía no viste la serie, te recomiendo que dejes de leer acá)

El final de Dexter vino con la muerte “repentina” de Debra, él llevándola al mar y fingiendo su muerte… mientras Hanna y Harrison están en una pegatina bastante mala de Buenos Aires.

Todo el episodio estuvo lleno de cierto romanticismo y sentimentalismo, decorado por muy malos efectos especiales pero que… a mí, como cierre final, me gustó. ¿Fue el mejor final de temporada que vi? No, probablemente no lo sea… pero la historia cerró de una manera respetable… una historia que no venía siendo maravillosa sino digna.

Debra era el “Yo-Emocional” de Dexter, aquella conexión con la realidad y con ese “ser normal” que tanto él necesitaba y buscaba. Debra muere, al igual que Rita, en manos de aquel que Dexter no pudo vencer… o dejó ganar. Aquel que le ganó de mano y se llevó alguien pilar para él. Sin Debra nuestro querido asesino pierde esa conexión con lo real, pierde el juicio del bien-mal en el que su hermana siempre supo guiarlo y le da el golpe de gracia al cristal que Dexter había construido alrededor suyo… el cristal de estar haciendo el bien para proteger a los demás.

Y es frente a esto que Dexter, de manera casi poética, hace su propio sacrificio… el de alejarse de aquellos que más ama (su hijo y su novia) imponiéndose el peor de los castigos: estar solo.

No sé si alguna vez vimos a Dexter como el malo, no sé si sería capaz de abanderarme con el “Amamos a los villanos” porque Dexter nos hizo dudar de aquellos valores morales de respetar la vida del otro… ¿Qué pasa cuando ese otro no respeta la nuestra? es lo que durante sus ocho temporadas nos estamos preguntando.

Comparto lo que como prevención venían diciéndonos los productores “El final no va a hacer feliz a todos. Pero es el final que nos hace felices a nosotros”. Sé que no me hubiese hecho feliz ver a Dexter muerto, a Debra terminando con Quinn, a Hanna de granjera en Argentina… Este final me gustó, me pareció lo mejor de una temporada muy floja.

Quizá el máximo castigo de Michael C. Hall. es representar personajes inolvidables. Cuando lo vimos en Six Feet Under pensamos que jamás podría salir de la piel de ese gay conservador y formal… hasta que vino con Dexter. Ahora es solo cuestión de esperar y pensar con qué otra cosa nos va a maravillar.

Y como tantos dijeron en sus vidas… nos queda el consuelo de decirles a nuestros hijos “Yo vi el final de Dexter en vivo y en directo”.

Soledad Venesio

No hay comentarios.

Agregar comentario