“The 7.39”: Una mirada sobre la (in)fidelidad

Chico conoce a chica. Se hacen amigos. Se enamoran. Se casan. Tienen hijos. Llegan a viejos juntos. Mueren. Fin. Esta sería, a grandes rasgos, la secuencia lógica de muchísimas de las relaciones que pueblan esta tierra. Conocer a alguien que es un hito en nuestras vidas, la decisión de compartir con esa persona nuestra cotidianidad, las bondades y miserias que cada uno lleva dentro. Eso es lo que muchos llaman “la vida misma”, algo tan común que no nos ponemos a reflexionar diariamente sobre qué implica amar, dar, resignar, recibir, postergar en pos de esa vida compartida que, con suerte, puede llegar a depararnos más momentos felices que infortunios. Como es algo tan de todos los días, tan presente que a veces lo pasamos por alto, lo que propone “The 7.39” no es novedoso.

Bien podría haber sido una más de esas mini-series que pasan sin pena ni gloria por ahí, porque ahora todo es rápido y descartable. Lo que propone “The 7.39” es un ensayo sobre esas reflexiones cotidianas, que sin estridencias ni giros de trama espectaculares hace muy bien lo que tiene que hacer. Porque no todo el mundo está destinado a salvar el planeta de invasiones alienígenas ni a montar un imperio gracias a las bondades del comercio de sustancias ilegales. Carl –David Morrissey, el Gobernador de The Walking Dead– tiene un trabajo de oficina hace mil años, un jefe que le quema la cabeza y una familia común y corriente de esposa y dos hijos adolescentes. Su día a día transcurre y se escurre en piloto automático. Levantarse, dar de comer al gato, picar algo antes de salir a tomar el tren de las 7.39, llegar a la ciudad, pasar esas horas de oficina, volver en tren, cenar y acostarse. Una rutina de las más rutinarias del mundo rutinario. Una vida normal.

Sally –Sheridan Smith– es divorciada y está a punto de volver a casarse con un prometido fanático del ejercicio, con quien intenta tener un bebé. Trabaja como administrativa en un gimnasio de la ciudad y todos los días toma el tren de las 7.39. Un día, Carl y Sally se cruzan. Pelean por un asiento en un tren lleno hasta la manija en el que los codos son un arma necesaria para sobrevivir. Un día a Carl y Sally les cambia todo. La rutina se toma unas vacaciones y los ambos se dejan espacio para pensar y sentir algo distinto. Sin buscarlo, sin fogonearlo. En ese primero momento, se da.

Más allá de la historia, lo que hace de “The 7.39” una historia hermosa, bella y triste es que no cae en moralinas hipócritas y sabe qué quiere contar y con qué armas. Nada de planos grandilocuentes ni decorados elaborados. Todo puede ser aburridamente real. Sabemos que la infidelidad pasa. Algunos son descubiertos y otros no. Algunos confiesan por el propio peso de la culpa y otros lo piensan pero temen demasiado a su propio juez interior o al qué dirán del afuera. Esta historia no juzga ni señala con el dedo. Al verla, uno se encuentra pensando “¿quién soy yo para opinar de fulano, si no estoy en su piel?”. Porque opinar de vida ajena es tan fácil… ¿Quién de todos nosotros es libre de tirar el primer toscazo? Ni siquiera hablo de hechos, incluyamos el pensamiento. ¿Quién no ha fantaseado con un otro, una otra? La hago más complicada: ni siquiera es necesario que haya un tercero en discordia. ¿Quién no ha pensado cómo sería su vida si en vez de estar en pareja, estuviera solo?

Las actuaciones de Morrissey y Smith (a quien viéramos en Dates) no son espectaculares ni para esperar premios. Son justas, precisas, con los gestos necesarios y la química entre ellos sorprende. También aparece Olivia Colman -a quien tenemos vista de Broadchurch y Run– interpretando as Maggie, la esposa de Carl. Si te gustó Dates, si te gusta cómo actúa David Morrissey o simplemente tenés ganas de ver una mirada libre de prejuicios sobre las relaciones, dale una oportunidad a “The 7.39“.

Trailer:

Por Leticia Bellini

bellini.leticia@revistatoma5.com.ar

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