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30º MDQ Film Fest: Recomendados (Vol. I)

30º MDQ Film Fest: Recomendados (Vol. I)

Ya estamos en el 30° Festival de Cine de Mar del Plata. Aunque las distintas competencias se encuentran en el ojo de la tormenta, no debemos olvidarnos de las grandes obras que se presentan fuera de estas secciones principales.

Directores de todo el mundo visitan la ciudad de los lobos marinos para traer sus obras más importantes. Algunos multipremiados y otros con sus operas primas, no podemos dejar de lado a estas grandes obras.

Les presentamos la selección de películas fuera de competencia según la opinión de nuestro equipo. Aunque no se lleven el oro, tenemos imperdibles para todos los gustos.

«Chant d’hiver» de Otar Iosseliani (2015)

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¿Qué nos dicen desde el festival? Desde Chantrapas en 2010 que Iosseliani no estrenaba una película. Y ahora llega con este largometraje que ironiza la guerra (la armada, pero también la cotidiana, en la que se convive con el resto de los seres humanos en el mismo planeta, país, ciudad o edificio) y se burla de ella a cada paso: desde la Revolución Francesa y el Terror, hasta el conflicto Rusia-Georgia y la vida diaria junto al vecino, la guerra no es más que hombres haciendo el ridículo. En esta película, entonces, hay soldados que se roban colchones o inodoros en plena batalla para, después de brindar, cargarlos con ellos a un tren que seguro los conducirá a conquistar más mingitorios. Porque, fiel a su estilo, este director no deja que sus personajes se marchen, sino que los hace reaparecer en otra época, algo distintos, pero nunca transformados del todo. Así, entre el olor que este cine siempre tiene a Tati, van y vienen Rufus, Mathieu Amalric, Pierre Étaix, hombres aplastados y deslizados bajo una puerta, cráneos guillotinados y restaurados mucho tiempo más tarde y, claro, un Iosselia que es bien él, como siempre.

¿Qué decimos nosotros? Mientras el género bélico siempre se ha caracterizado por remitirse a la acción o al drama lacrimógeno, es una novedad que se observe desde el punto de vista de la comedia. El lado ridículo del conflicto armado es una novedad a destacar que jugará entre la parodia y la ofensa. Probablemente acabe como una película no apta para sensibles, y no dejará a nadie indiferente. Una mirada diferente y refrescante, para trasgredir géneros ya muy tradicionales. El director ruso Otar Iosseliani ya es uno de los favoritos del festival, resultando premiado varias veces en ediciones anteriores. Aunque esta vez no compita, no pasará inadvertido.

«Cemetery of Splendour» de Apichatpong Weerasethakul (2015)

¿Qué nos dicen desde el festival? Un film fascinante de fantasmas. El realizador de El hombre que podía recordar sus vidas imagina un hospital que funciona en una escuela en la que varios soldados no pueden despertar de un sueño eterno. Una voluntaria y una psíquica acompañan a los soldados y los cuidan. Apichatpong jamás reclama nuestra conversión, pero expone amablemente un sistema de creencias remoto. Lo genial es que aquí la Historia y la violencia actual de Tailandia están presentes en cada plano, de tal modo que los fantasmas de Apichatpong son también los espectros de la Historia. Habría que decir también que los colores se reinventan. Es que, en este film de carácter alucinatorio, no solamente los soldados son expuestos a una terapia cromática relacionada con unos tubos fluorescentes al costado de sus camillas; es el propio espectador el que experimenta esta especie de irradiación de colores como una medicina lumínica que sale de la pantalla y modifica su percepción del mundo de los colores. Hay que ver para creer. Los planos inolvidables son muchos, como aquel en el que se ve una ameba inclasificable que arropa en su interior un microuniverso biológico.

¿Qué decimos nosotros? Las propuestas que confunden la realidad y el sueño siempre resultan intrigantes para el espectador. Por un lado un sistema violento y por el otro el sueño eterno, se fundirán indefectiblemente. Este tipo de narraciones, bien explorada, resulta en una propuesta atrayente. Desde las clásicas 12 monos o La Isla Siniestra, los personajes que alucinan nos provocan una curiosidad morbosa. No olvidemos la puesta en escena, una fotografía que recurre a colores fuertes y planos atiborrados de contrastes. Pero es una apuesta fuerte, un planteo difícil de abarcar. ¿Estará a la altura del desafío o se quedará en la mera intención? Weerasethakul ya se llevó la Palma de Oro en el Festival de Cannes en 2010. ¿Podrá repetir el éxito?

«Deux Rémi, Deux» de Pierre Léon (2015)

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¿Qué nos dicen desde el festival? Todo hechizo tiene un talismán que lo inaugura. Con el regalo de un reloj que no funciona, a Rémi se le destartalan todas sus particulares estructuras y rutinas: su andar torpe por las calles, su manera extraña de cruzar por las sendas peatonales y de interpretar los semáforos, sus amaneceres con cremas en los ojos, y el calmo alboroto para comunicarse con los demás. Cuando Rémi se encuentra a sí mismo –o a un tipo igual a él y con su mismo nombre que lo sigue y se deja seguir a todas partes– todo entra en crisis, y el doble protagonista, que se parece mucho más al Adam Sandler de Embriagado de amor que al Jake Gyllenhaal de Enemy, se ve obligado hasta a hablar con quienes lo rodean. Por suerte, como todo hechizo se abre con un talismán, también se cierra con otro objeto o un evento afortunado; y en este caso se sella todo, todo, todo con un beso. Porque nada como ir juntos a la par, OK, pero con otro que no sea uno mismo.

¿Qué decimos nosotros? Aunque no es una idea que vemos por primera vez, sí parece darle una vuelta de tuerca a la idea del hombre duplicado. ¿Qué ocurre cuándo nuestro doble nos persigue a nosotros, y no a la inversa? Por otro lado, resulta interesante la idea de un disparador, de que el doble aparece gracias a un objeto embrujado, un totem con la facultad de desarmar la estructura de la vida del personaje y crear un nuevo protagonista. La pregunta que nos queda es por qué comienzan los eventos, un asunto que podría ser perfectamente explicado, como ni siquiera mencionado. Con todo, puede ser un paso más a una idea ya concebida, o una mera imitación de otras obras. Sin medias tintas.

«Tres recuerdos de mi juventud» de Arnaud Desplechin (2015)

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¿Qué nos dicen desde el festival? El nuevo film del director de Reyes y reina y El primer día del resto de nuestras vidas arranca como un thriller de espías protagonizado por dos actores consagrados (Mathieu Amalric y André Dussolier), pero luego deriva hacia una historia de coming-of-age (ingreso a la adultez, despertar sexual, códigos juveniles) con intérpretes adolescentes casi sin experiencia profesional que le aportan una frescura, una espontaneidad y una ligereza que su cine no suele tener. Construida con largos flashbacks, la película nos traslada desde la actualidad del profesor y antropólogo Paul Dedalus (Amalric) hasta sus vivencias a fines de los 80, entre sus 16 y 21 años: el suicidio de su madre, la mala relación con su padre, sus estudios en París, las desventuras con sus amigos y, sobre todo, su apasionado y conflictivo romance con la hermosa Esther. Desplechin maneja las múltiples aristas del relato con un encanto, una sensibilidad y una diversidad de recursos narrativos y visuales que convierten a Tres recuerdos de mi juventud en una experiencia tan fascinante como disfrutable. De lo mejor que se vio en el último Festival de Cannes.

¿Qué decimos nosotros? Un drama con todas las letras, una demostración de cuánto duele crecer, y más aun para un adolescente conflictivo. La narración construida en base a flashbacks que luego vuelven a la actualidad, y luego otra vez hacia atrás puede constituirse como un buen recurso. Pero también frente al abuso puede arruinar el guión por entero. Una fotografía que desparrama nostalgia ochentosa y europea, tiene el buen antecedente de su éxito en Cannes. El cambio de género, desde la temática de los espías hasta el dramón que promete, es un giro interesante. Pero como todo, lo agarramos con pinzas y cruzamos los dedos para que no acabe en un abuso de un recurso repetido.

«Él, yo y Raquel» de Alfonso Gomez-Rejon (2015)

¿Qué nos dicen desde el festival? El increíble Thomas Mann (Proyecto X) interpreta a Greg, un adolescente tímido a quien le cuesta navegar los horrores del secundario. Sin embargo, su tarea más dura viene de su casa: su mamá lo obliga a visitar a Rachel (Olivia Cooke), una compañera que él apenas conoce y quien fue diagnosticada con leucemia. No, no los embauqué y les vendí el infierno lacrimógeno de Bajo la Misma Estrella. Greg y Rachel no tienen sexo en la cama del hospital. Ni en ningún otro lado. Pero sí hacen mierda el falso coraje de cada uno. Greg, un aspirante a cineasta toma coraje y le muestra a Rachel los cortos paródicos que hace junto a su amigo Earl, con títulos como Pooping Tom, A Sockwork Orange, y Senior Citizen Kane. Ella lo entiende. Nosotros también. Y eso es porque Mann, Cooke y Clyer merecen ser estrellas del mañana ya mismo. No hay ni un gramo de mentira hollywoodense en sus actuaciones. Mediante una voz en off, Greg nos dice que Rachel no muere. Pero ¿podemos creerle? Ustedes eligen.

¿Qué decimos nosotros? Quizá la más comercial de nuestra selección de fuera de competencia, con un director que viene de blockbusters como Glee y American Horror Story. Sin embargo, el realizador parece haberse corrido de una narración histérica y comenzar a mostrar un lado tanto más calmado como más profundo de su historia. Con actuaciones destacadas y un drama que no se pase de lacrimógeno, parece tener la fórmula para impulsar su carrera y la de estos jóvenes actores. Y en el buen melodrama sí, Rachel debe morir.

Para adquirir las entradas se puede acceder a http://miboleteria.com.ar o sacarlas el día de la fecha de cada proyección en la sala correspondiente. Para más info: http://www.mardelplatafilmfest.com

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Agustina Celeste

Usaba lentes y leía antes de que fuera cool, ahora soy agente de SHIELD. La vida es muy corta para tomar vino malo o ver películas malas. Cada día estaciono mejor.