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40 años del estreno de «Star Wars»: ¿Cómo fue el impacto que cambió el cine para siempre?

40 años del estreno de «Star Wars»: ¿Cómo fue el impacto que cambió el cine para siempre?

¿Cómo se mide el impacto de una película? Hoy se cumplen 40 años del estreno en cines de “Star Wars”, título original que recibió la primera entrega de la saga homónima (más tarde rebautizada como “A New Hope” o “Episodio IV”). Normalmente se dice que fue el film que lo cambió todo, la forma de hacer películas, la forma de hacer ciencia ficción y la forma de hacer negocios en la industria del cine. La historia de esa primera película es casi maradoniana: Un comienzo humilde para algo que terminaría poniendo las cosas patas para arriba e inauguraría una nueva etapa desde ese momento y para siempre.

Pero, otra vez, ¿Cómo se mide realmente el impacto de una película? Una opción fácil, googleable, es la económica. Podríamos decir que “Una Nueva esperanza” tuvo un costo de producción de 11 millones de dólares y obtuvo una recaudación mundial que arañó los 800 millones. Entre las primeras seis películas, distintas webs estiman que la ganancia asciende a 4,3 billones, algo así como lo que Disney pagó en 2012 para comprar Lucasfilm. En el año posterior al estreno, la empresa de juguetes Kenner vendió unas 40 millones de figuras inspiradas en la saga. Se estrenaron hasta ahora ocho películas, un especial de navidad, cinco series animadas, dos telemovies, ocho producciones Lego, cientos de videojuegos, cómics, novelas y libros informativos. La Wookieepedia, una wiki específica de la saga, reúne 135.459 artículos relacionados con todo lo referido a la franquicia.

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Pero esos son simples números, y los números lo explican un fenómeno cultural en profundidad. Es que Star Wars, además de ser uno de los emprendimientos cinematográficos más rentables de la historia, es el motivo que llevó a 70.000 personas a concurrir en abril pasado al evento oficial de la saga celebrado en Orlando. Incontables decenas de miles más lo siguieron en vivo por You Tube. Esos no son números, son personas y nos arriman un poco más a entender la magnitud de esta saga que, a cuatro décadas de su primer desembarco en cines, ya es mucho más que una seguidilla de películas espaciales.

Antes…

Poco antes de su repentino fallecimiento, la actriz Carrie Fisher publicó sus memorias bajo el título “El Diario de la Princesa”. En su primer capítulo hace referencia a cómo era el mundo mientras en el desierto de Túnez un grupo de jóvenes rodaba las primeras escenas de una pequeña película de ciencia ficción. El avión Concorde volaba por primera vez, se promulgaba el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, entraba en vigencia la Constitución cubana, se fundaba Apple, Carlos Arias Navarro renunciaba a la presidencia de España y, en Argentina, la Junta Militar realizaba el golpe de estado más sangriento de nuestra historia. En el ámbito del cine estadounidense, los estudios tradicionales se transformaban en megacorporaciones con empresas de telecomunicaciones que empezaban a volcarse al mercado de hacer películas.

La generación que integraba George Lucas aparecía como una renovación en el aire viciado de un cine que desde algunos años antes comenzaba a interesarse directamente por los jóvenes como un target potencialmente rentable. Lucas, un poco a contrapelo de algunos de sus amigos directores, soñaba con una película que le rindiera homenaje a “Buck Rogers” y “Flash Gordon”. Venía de filmar “THX 1138” y “American Graffiti”, dos producciones muy diferentes entre sí pero que funcionan como predecesoras de su gran criatura. Desde 1974, Lucas retocaba sus primeros borradores de lo que sería Star Wars: un relato de aventura clásica en el espacio mucho más cerca de los pulps que de las durísimas películas de ciencia ficción que por esos años se estrenaban. “Soylent Green”, “Planet of the Apes” o “Silent Running” eran algunos de los títulos que encaraban el género en clave de denuncia y crítica social. Lucas quería ir por otro lado, por un relato más inocente y sencillo que retomara la más vieja y contada de todas las historias: la del héroe que descubre su destino de grandeza cuando nadie más apuesta por él.

Algo parecido a lo que le ocurría cada vez que llegaba a un estudio con la sinopsis de 14 páginas de su película y ninguna productora quería financiarla. Gracias a Alan Ladd Jr, flamante director de la Fox, la película pasó de ser una quimera de imposible realización a un film de bajo presupuesto que, al menos despuntaría el vicio de su realizador y no les haría perder demasiado dinero.

…y después

A veces, el análisis de los supuestos expertos se equivoca. Y feo. Para Fox, la película se estrenaría en algunas salas, sería vista por los nerdos más aficionados al género y poco más. Lucas encararía algún otro proyecto en la línea de lo que se solía ver por esos años en el cine y, quizás, finalmente daría en el clavo con un film taquillero. Pero ese joven realizador apostó por su idea y ganó. Ganó mucho, mucho más de lo que nadie hubiera esperado. Entre otras cosas, Lucas negoció que él se haría cargo de todos los productos relacionados con su película. En una época donde las industrias paralelas de merchandising no eran algo tan crucial como ocurriría después de Star Wars, parecía un acuerdo lógico. Nadie esperaba que la venta de juguetes y figuras de acción se convirtiera en la unidad de negocios más rentable de Lucasfilm y lo que haría sorprendentemente rico a su creador.

A nivel comercial, Lucas hizo otros dos grandes acuerdos: con Marvel, para editar los primeros cómics basados en la saga, y con Del Rey, que durante años publicaría novelas que expandieron el universo de lo visto en el cine. Ya desde ese primer momento, el director tenía la mirada en el horizonte, en las narrativas transmediáticas que permitirían a Star Wars derribar las fronteras del mundo del cine para ir mucho más allá. El otro contrato clave fue con Kenner, subsidiaria de General Mills, la única empresa que aceptó licenciar los juguetes de la saga luego de que Mego Corporation no se mostrara interesada en esa loca película galáctica.

La clave para entender el fenómeno de Star Wars parece ser ese: nadie esperaba que se convirtiera a la vez en un fenómeno cultural, industrial y financiero.

 

Más rápido y más intenso

El backstage de Star Wars se dividió en varios ejes que permiten comprender lo que había detrás del fenómeno. Por un lado, el tratamiento estético a cargo de Ralph McQuarrie, el artista que logró captar las ideas de Lucas y traducirlas a diseños que cristalizaban ese origen compartido con los viejos seriales de ciencia ficción, pero a la vez generando imágenes que se convertirían en símbolos indelebles de esta nueva era. Por otro lado, la música, ejecutada por el maestro John Williams que alcanzaría una de las mejores obras de su carrera dándole a la orquesta un papel preponderante en la película, casi como un actor más de la historia que se contaba.

Tampoco podemos olvidar un hecho revolucionario en sí mismo: los efectos especiales. Habíamos dicho que, previo a 1977, la industria cinematográfica estaba cambiando mucho y uno de los problemas ante los que se encontraba Lucas era la falta de un departamento de efectos visuales a su alcance y con interés por participar en este proyecto. Así nació Industrial Light & Magic, ILM para los amigos, un grupo principalmente compuesto por estudiantes de FX guiados por el fabuloso John Dykstra. ILM fue el colectivo creador de las diferentes criaturas, naves, artefactos y vehículos que se ven en las películas. Pasaban por todos los métodos conocidos de animación e inventaban nuevas técnicas sobre la marcha para, otra vez, traducir aquel universo que hasta entonces sólo existía en la mente de Lucas. Otro veterano del negocio que se sumó a este loco sueño americano fue Phil Tippett, experto en stop motion.

Esa combinación de profesionales con muchos años en el medio trabajando codo a codo con chicos recién salidos de la universidad también se replicó en el elenco de actores. Así, Lucas combinó la juventud de Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford con la presencia en pantalla de los consagrados Alec Guinness y Peter Cushing. El elenco destinado a personajes cuya cara no se veía en pantalla se completó con Peter Mayhew (Chewbacca), Anthony Daniels (C3PO), Kenny Baker (R2D2) y David Prowse (Darth Vader).

Todos ellos recogieron experiencias de rodaje muy diferentes, con un director parco y a la vez seguro de sí mismo, que rara vez sonreía pero era al mismo tiempo una suerte de hombre orquesta presente en cada instante, desde la preproducción más temprana hasta la última jornada de montaje. Carrie Fisher recuerda que, generalmente, Lucas no hablaba con los actores, pero siempre estaba mirándolos. De vez en cuando, al terminar una escena, Lucas indicaba: “más rápido y más intenso”. Así fue el 25 de mayo de 1977, cuando Star Wars llegó por fin a los cines y se convirtió, en un abrir y cerrar de ojos, en el más rápido y más intenso boom del cine contemporáneo.

¿Por qué Star Wars triunfó? Si alguien supiera la respuesta a esa pregunta, patentaría la fórmula. En cuarenta años se analizó, y mucho, qué fue lo que hizo Lucas para crear una historia que calara tan hondo en casi todo el planeta. El bien contra el mal, los débiles contra los poderosos, la luz contra la oscuridad. Ningún binomio de esas características alcanza para explicar por qué Star Wars sí y otras historias no. Sin embargo, la destreza de su realizador estuvo, justamente, en contar una historia que va directo a nuestra formación cultural-emotiva más profunda y pudo reformularla con un relato fresco, transparente y lleno de elementos que permitían imaginar un futuro donde, al fin de cuentas, gana el bien.

Muy probablemente Star Wars haya llegado tan lejos porque capturó a chicos de ocho años que hoy ya rozan los 50 y se siguen emocionando con ese agónico disparo que destruye la Estrella de la Muerte. Porque cualquiera que haya nacido en cualquier década contiene la respiración cuando Darth Vader aparece en escena. Porque Star Wars se convirtió en algo que, por el motivo que sea, hoy reúne a millones de personas alrededor del mundo. Porque pasaron 40 años y Star Wars sigue siendo el cuento para antes de dormir donde al final ganan los buenos. Y a veces, en este mundo nuestro, es justamente la historia en la que necesitamos refugiarnos.

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