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El bebé de Bridget Jones: Romance a la antigua

El bebé de Bridget Jones: Romance a la antigua

Por lo general, cuando decimos que algo está hecho «a la antigua» puede tener dos connotaciones: la primera de tintes nostálgicos, traducida en clásicos enunciados como «todo tiempo pasado fue mejor» o «antes las cosas se hacían bien». La segunda, más bien como sinónimo de anticuado: algo cuyos valores están en desuso. Pero no porque hayan «pasado de moda» (los valores no pasan de moda) sino porque ciertos conceptos van quedando atascados en el tiempo y no se ajustan a la realidad, empolvados por una capa de prejuicios y teñidos por una pátina de idealización del pasado.

Esta segunda acepción parece encajar mucho mejor con la nueva película de Bridget Jones, a pesar de sus esfuerzos por ubicarse en la primera. Con trilladísimos recursos y chistes desgastados busca reflotar el espíritu de su primera entrega, que la llevó a convertirse en uno de los íconos de la comedia romántica moderna. Pero en lugar de esto, termina resultando en un intento fallido de reinventarse sin caer en la repetición. Patético, pero simpático, casi como su protagonista.

Reneé Zellweger hace un gran esfuerzo por volver a traer a la vida una década después a su más entrañable personaje. Esa mujer torpe y adorable que, presionada por la sociedad, pretende ser independiente y feliz a su manera, pero termina cayendo en los mismos estereotipos una y otra vez. Todo aquello que resultaba muy cómico en su momento, queda ahora obsoleto y predecible, muy poco orgánico. Desde la relación entre los protagonistas (Bridget y Mr. Darcy, encarnado por un correcto Colin Firth) hasta la introducción del nuevo personaje que opera como tercero en discordia (un carismático y moderno Patrick Dempsey). Y especialmente forzada queda la justificación para sacar de la ecuación a Daniel (el infalible Hugh Grant).

Mientras la película llega al conflicto que le da título en cuestión, pasa más tiempo del necesario introduciendo a personajes que en teoría ya conocemos y no son tan complejos como para darse ese lujo. A esa altura, los chistes ya comienzan a repetirse, la historia resulta poco eficaz y los giros de la trama muy previsibles. Los personajes secundarios son una caricatura insufrible fruto del bache generacional que los separan de los protagonistas. En su falta de ideas el guión recurre a cameos, continuos momentos musicales y comedia física imposible, mientras la voz en off no hace más que repetir lo que vemos en pantalla.

«El bebé de Bridget Jones» confirma la nueva regla que parece establecer que las terceras parte son las peores. Quizás los fans de las primeras puedan disfrutar de volver a ver a sus personajes favoritos después de tanto tiempo, pero no se ilusionen. Todo aquel humor que en algún momento resultó fresco y progresista, se vuelve en esta entrega una versión densa de sí mismo, e incluso por momentos alevosamente cursi y conservador.

Calificación: puntuacion 2

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