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Entrevista a Benjamín Naishtat, director «El movimiento»

Entrevista a Benjamín Naishtat, director «El movimiento»

El Jueves pasado se estrenó en la cartelera local “El movimiento”, la segunda película del joven director Benjamín Naishtat y, Revista Toma 5 estuvo en un exclusivo mano a mano.

Con un gran trabajo protagónico de Pablo Cedrón, la película se desarrolla en la lejana Argentina de la primera mitad del siglo XIX, dónde un grupo de hombres transitan las pampas desoladas en busca de armar su propio poder político dentro de la anarquía reinante.

– ¿Cómo surge tu nueva película?

– Mi primera película “Historia del miedo” recorrió el camino más tradicional de una opera prima, fueron cinco años de recaudar el dinero. Un proceso largo, con mucha paciencia. Pero este fue un caso totalmente distino, fruto del paso de mi primer película por un festival de Corea (Jeonju Film Fest), me ofrecieron hacer una producción para ellos. Tenía seis meses para entregar la película. Por lo que todo se hizo a un ritmo muy febril, y dio como resultado una película muy diferente a la anterior.

– ¿Por qué elegiste este momento histórico de la Argentina para tu película?

– La época retratada en la película divide aguas. Hay varias corrientes de historiadores pero nosotros trabajamos más que nada con crónicas de la época, con diarios de viajeros, para estar más cerca de lo inmediato que de una reflexión que podía dar un historiador.

– ¿Con qué dificultades te encontraste para la realización?

El problema más grande que afrontamos fue el tiempo de rodaje. La película se hizo en diez jornadas de filmación con muchas horas de trabajo. Podría haber filmado en un departamento, con una historia más simple, y hacer una película más convencional. Pero esta era la película que quería hacer. Y esta es la que tenía en la cabeza, y no me plantee hacer otra cosa.

– ¿Cuáles fueron tus referencias en el tratamiento estético?

– Cómo referencias de películas argentinas ví Facundo (Nicolás Sarquis, 1995), o la última que se hizo de San Martín (Leandro Ipiña, 2010). Pero siempre encuentro el mismo tema de apego a los próceres, y la dimensión mítica de las cosas. Necesitaba salir de ese lugar. Creo que todavía hay muchas películas de este género por hacerse. Donde la alegoría me parece más fuerte que el mensaje directo.

– ¿Por qué elegiste a Pablo Cedrón para el papel protagónico?

– La película se escribió para él, sin saber si la iba a querer hacer o no. Por suerte se sumó e hizo un laburo increíble. Cuando la escribía no me imaginaba a otro actor que no fuera él. Hubo un trabajo para convencerlo, y por suerte dio frutos. Más que componer por método, él imita un personaje que tiene en la cabeza, ese talento es más raro de encontrar. Trabajar junto a alguien con su despliegue y talento es lo más fácil del mundo.

– ¿Cómo ves la producción en el cine argentino?

– El cine argentino ya no esta atrás de nadie. Antes el sonido era muy malo, no había instancias de diseño sonoro, hoy hay otras instancias de trabajos. Eso tiene que ver con la formación y la profesionalización en las escuelas de cine. Pero el mayor problema es que no se puede sostener la industria sobre la base que después no hay espectadores. Para que nuestro cine siga floreciendo tiene que haber una salida al sistema de exhibición. Hay muy buena producción y una crisis de exhibición. Hoy llegar a diez mil personas es una locura.

– ¿Ya estás embarcado en nuevos proyectos?

– Si, ahora estoy en un proyecto sobre un policial que se desarrolla en los años setenta. La idea de no puntualizar sobre un hecho concreto me atrae porque tenés más herramientas y libertades con menos ataduras.

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