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«¡Qué historia tan maravillosa!»: El origen de tu infancia

«¡Qué historia tan maravillosa!»: El origen de tu infancia

En febrero de 1995 debutó en la pantalla chica un programa que marcaría un momento clave en la industria de los dibujos animados televisivos. Se trató de de «Qué historia tan maravillosa, el show», un semillero de caricaturas que dio origen a programas muy influyentes de esa década, como «El laboratorio de Dexter», «Johnny Bravo», «La Vaca y el Pollito» y «Las Chicas Superpoderosas».

Además, fue la caja de resonancia para cortos animados experimentales que volvían a poner el foco en el trabajo de sus creadores, permitiéndoles mayor libertad creativa y una dosis de delirio influyó para siempre en el tono que mantienen hasta hoy muchos dibujos delirantes aptos para todo público.

La importancia de «Qué historia tan maravillosa…» («What a Cartoon», en inglés) puede evaluarse de forma más clara hoy en día, cuando muchos de los programas que llenan la grilla de los canales infantiles son fieles sucesores de esa tradición humorística que había arrancado casi en los orígenes de la animación y que programas como éste y su competidor directo, los Nicktoons de Nickelodeon, supieron aggiornar a la época moderna.

Una característica importante de este tipo de animaciones es que se trataba de dibujos propios del canal, por lo cual marcaban a fuego la identidad de, en este caso, Cartoon Network. Un estilo que diferenciaría a la cadena de toda la competencia y que buscaba generar productos en apariencia para niños, pero con un humor y doble sentido tal que podían ser también disfrutados por adultos.

Cuando en 1992 el productor Fred Seibert quedó al mando de la mítica Hanna-Barbera, inició una reforma y modernización total de la compañía. Para eso abrió una gigantesca convocatoria y recibió unos 5.000 proyectos de animadores de todo el mundo. Su idea era tutelar el desarrollo de nuevos animadores, permitiéndoles desatar su creatividad en cortos animados que llegarían a la TV, con la promesa siempre presente de transformarse en shows propios.

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Como dignos herederos de Tex Avery (Bugs Bunny, el Pato Lucas, Droopy) y Walter Lantz (El Pájaro Loco), los animadores mostraron sus trabajos y fueron seleccionados 48 cortos bajo un sistema parecido al de los Looney Toones con una diferencia no menor: por primera vez, la compañía le permitiría a los creadores mantener los derechos sobre sus obras. 

El primer programa en debutar dentro de este maratónico formato fue «Las Chicas Superpoderosas», que en latinoamérica empezó llamándose «Las Chicas Coquetas». Ese primer capítulo fue presentado por el Fantasma del Espacio y su lanzamiento formó parte de una gran maquinaria de marketing que buscaba darle al programa un carácter de semillero de grandes promesas animadas, algo que terminó cumpliéndose.

En 1998, Seibert, ya como director creativo de MTV, desarrolló otro de estos shows «incubadores» de nueva animaciones, pero en Nickelodeon. Se llamó «Oh Yeah» y tuvo su retransmisión en latinoamérica por esos años. Uno de sus presentadores fue Kenan, de la dupla cómica Kenan & Kel, programa que a su vez había surgido en un show de sketches live action con mecánica similar a estos programas y a Saturday Night Live, que se llamó «All That».

Bajo una temática similar aunque incluso más absurdo, tenemos el caso de «Kablam!», el programa de Nickelodeon que, bajo la lógica de transcurrir dentro de un cómic, presentaba series de capítulos breves como «Sniz y Fondue», «Prometeo y Bob», «La Liga de la Acción» y la que luego se convertiría en una serie propia, «Angela Anaconda», entre muchas otras.

Además de los programas que nacieron al calor de esta antología de cortometrajes, otros muchos se quedaron en su mini formato original, pero se mantuvieron para siempre en la memoria colectiva. Acompáñenme a ver esta divertida historia:

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