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«La noche del demonio 3»: La primera-tercera parte del todo

«La noche del demonio 3»: La primera-tercera parte del todo

Hace unos años la industria del cine tuvo que encontrar varias formar para renovarse. Desde la transición del fílmico al digital, la reinserción del 3D a las salas, las remakes y, sobre todas las cosas, generar películas que se enfoquen en historias del cine. Este último – quizás – el más fuerte de todos los enlistados, ya que “gracias” a la piratería la gente dejo de atender a las salas para simplemente descargarlo y verlo con pésima calidad de imagen o sonido. Sin embargo, en el cine de terror se dio otro fenómeno que es el de la precuela.

Lo extraño de este caso, que rara vez sucede tan rápido, es que desde su título esta película está mal. «La noche del demonio 3″, o “Insidious: Chapter 3” en su idioma original, es la tercera entrega de esta saga de terror pero realmente es aquí donde todo comienza. O como se meciona arriba, una precuela.

En esta oportunidad podremos averiguar dónde salen la mayoría de los personajes que después se verán en el resto de los capítulos de la franquicia. Desde Elise (Lin Shaye) la médium que tiene la capacidad de traspasar hacia otros planos, hasta sus compañeros de equipo en su negocio de “caza fantasma”: Tucker (Angus Sampson) y Specs (Leigh Whannell). Este último por partida triple, ya que es co-autor, actor y director de la película.

Más allá de esto, la historia está centrada en Quinn Benner una joven que está obsesionada con contactar a su madre que murió de cáncer hace dos años. Así es como Quinn, interpretada por Stefanie Scott, llega a la casa de Elise, solo que esta última está muy lejos del personaje conocido en las otras entregas. La adolecente se encuentra con una señora mayor, sedentaria, que apenas sale de su casa y temerosa de usar su don. Luego de acceder al pedido de la chica, Elise falla pero le advierte que no trata de hacer contacto por sus propios medios. A partir de ese momento se marca el quiebre de esta historia y no para beneficio de la protagonista.

En primera instancia la choca un auto y la deja momentáneamente en una silla de ruedas. Después los contactos: desde ruidos entre las paredes, grietas en el techo y apariciones de un hombre que la sigue, como si estuviera pegada a ella. Todo esto sucede mientras cumple varios roles en una desordenada familia que intenta reacomodar su padre, Sean Benner, llevado a cabo por el Dermot Mulroney. Que hace malabares entre su trabajo, su hija inmovilizada y su hijo menor Alex (Tate Berney) que nunca está listo para ir al colegio.

Lo más interesante de todo, es el caso de Whannell, que hace años trabaja en proyectos que intentan resignificar el género de terror. Encargado de proyectos como Saw (El juego del miedo), incluso se lo puede ver en uno de los roles principales, aquí se sienta por primera vez en el sillón del director. En términos generales la película se puede dividir en dos bloques, uno más grande, el de la tensión y el miedo. Que por muchos momentos es insostenible. Por el otro lado, el segundo bloque, el de la relajación, que al llegado la última parte del film es tanto lo que distiende que pasa del terror al ridículo. Casi al nivel de «Scary Movie».

Es esta grieta, que separa a ambas partes, la que termina por crear un desbalance y perjudica al resultado final. En pocas palabras: estuvo cerca, pero no lo logro.

Calificación: puntuacion 2

Trailer:

Demian Rosales

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Sebastián Espíndola

Director y editor de @RevistaToma5. Vanguardista de casi nada, pero consumidor de casi todos. De chico quería ser detective privado.