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«Spaceballs»: La mejor parodia de Star Wars cumple 30 años

«Spaceballs»: La mejor parodia de Star Wars cumple 30 años

Se sabe que Star Wars marcó una época y que a partir de ese 25 de mayo de 1977 no sólo muchas películas de ciencia ficción siguieron sus pasos, sino que se desató un enorme furor de fan films, spin off y parodias de todo tipo que dura hasta la actualidad.

La parodia más importante cumple hoy 30 años y es la famosísima «Spaceballs», dirigida, producida y escrita por el legendario Mel Brooks. Fue a propósito del décimo aniversario de «Una Nueva Esperanza» y contó con la participación de Bill Pullman, John Candy, Rick Moranis y Daphne Zuniga en los roles protagónicos.

Según cuenta la leyenda, Brooks quiso hacer una comedia basada en Star Wars pero que a la vez fuera respetuosa y un gran homenaje a la historia de George Lucas. Para estar en paz, el director de «El Joven Frankenstein» se contactó con Lucas para pedirle permiso. Él estuvo de acuerdo, aunque habría puesto una condición: que el merchandising de Spaceballs fuera el mínimo posible. Esa cláusula fue retomada en clave de comedia en una de sus memorables escenas:

Inicialmente, Brooks quería que su película estuviera encabezada por alguna estrella de la época como Tom Cruise o Tom Hanks. Sin embargo, no logró convencer a ninguno de los dos y terminó optando por Bill Pullman, un total desconocido a mediados de los ’80.

«Yo creo que Mel estaba muy decepcionado de no haber conseguido contratarlos, pero luego cuando pudo atraer a dos actores como Rick Moranis y John Candy habrá dicho ‘en fin, voy a traer a alguien completamente desconocido!’ Y ahí tuve la oportunidad de entrar», recordó años más tarde Pullman, quien un año después de Spaceballs protagonizaría «The Serpent and the Rainbow», una interesante película de Wes Craven sobre zombies haitianos.

Otras versiones dicen que quienes realmente estaban obsesionados con conseguir una celebridad para la película eran los ejecutivos de MGM, poco convencidos con el éxito que podía llegar a tener una parodia que llegaba diez años después que la original y cuando ya habían pasado cuatro de la última entrega de la trilogía original. Según la versión de Brooks, él no estaba cómodo con la idea de que alguien como Tom Cruise fuera el protagonista. No sólo porque significaría un enorme gasto de presupuesto, sino porque además dejaría de ser una parodia para ser «la película de Tom Cruise en el espacio».

En ese sentido, contar con una cara desconocida parecía mejor estrategia, e incluso era parecido a lo que Lucas había hecho en su momento al contratar a Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford para ponerse al hombro el debut de su exitosa saga.

Con una sola película en su breve historia como actor, Pullman fue descubierto por Brooks cuando actuaba en la obra Barabbas en Los Angeles.

Uno de los personajes más recordados del film fue la parodia de Chewbacca, el hombre-perro llamado Barf (Vómito) interpretado por Candy. El actor no tuvo una tarea fácil ya que durante todo el rodaje debía llevar encima un sistema de radiocontrol de casi 14 kilos con el que movían sus orejas y cola detrás de cámara. Previamente habían intentado hacer funcionar las orejas mediante un complejo sistema estilo marioneta con delgados hilos invisibles, pero el experimento fracasó.

«Spaceballs», además de ser una divertida reversión llena de gags que quedaron en los anales del cine cómico, fue un film bastante artesanal y lleno de anécdotas y curiosidades derivadas de un rodaje que parece haber sido tan desquiciado como el producto final. Brooks, que tenía varios papeles en la película, le puso el cuerpo a la situación y también se llevó algunos «recuerdos». Para ponerse en la piel de Yogurt, el líder místico en plan Yoda, debió pasar por un intenso proceso de transformación y maquillaje que requería no sólo que lo pintaran completamente de dorado, sino también permanecer durante mucho tiempo parado sobre sus rodillas, algo que a sus 60 años de aquel entonces no era una actividad exactamente placentera.

Respecto a los efectos especiales, Pullman compartió una anécdota muy extraña: durante el rodaje, en el set se había instalado la idea de que la pantalla azul/verde que se usaba para los FX podía generar problemas en la vista e incluso ceguera. Pullman no recuerda si fue un chiste de Brooks que alguien se tomó en serio o qué pasó, pero cuenta que cada vez que filmaban una escena y hacían un corte, todo el equipo se ponía anteojos de sol para proteger sus ojos de la maléfica pantalla…

Párrafo aparte merece el absurdo pero querible antagonista de esta aventura, Dark Helmet, un pigmeo Darth Vader a cargo del siempre efectivo Rick Moranis. No es casualidad que muchos de los grandes momentos de la película lo hayan tenido a él como protagonista:

Lo interesante es que «Spaceballs» no se quedaba simplemente en la parodia a Star Wars, sino que abordaba a los principales exponentes del género fantástico de la época, con guiños a «Alien», «Star Trek» y, yendo más atrás en el tiempo, «El Mago de Oz».

A 30 años de su estreno y con un gran mito forjado a su alrededor, la idea sigue a su modo vigente. En 2008 se estrenaron 13 capítulos de lo que sería la primera temporada de una serie animada basada en la película. Por diferentes problemas de producción y con la cadena que emitiría el programa, la temporada sufrió varias dificultades para ser estrenada y finalmente no fue renovada.

Desde hace varios meses, además, se habla sobre una posible secuela de la película, un proyecto que el propio Mel Brooks pelea por sacar adelante a pesar de ya tener 90 años. A principios de este año, el director había dicho que estaba en conversaciones con MGM para filmar la segunda parte, aprovechando la nueva oleada de la actual trilogía de Star wars y sus spin offs.

Por ahora, no se sabe mucho más al respecto, pero queda claro que tres décadas después de su estreno, «Spaceballs» supo convertirse en un objeto de culto que le hace justicia a la película que la inspiró.

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