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«Trainspotting 2»: ¡Choose life again!

«Trainspotting 2»: ¡Choose life again!

Pasaron 20 años desde la última vez que los vimos correr por las calles de Edimbrugo, llevados de las narices por la heroína y por una sociedad pacata que no les ofrecía nada mejor que los incentivara a escapar de ese piso 13. Danny Boyle nos voló la cabeza como pocos en 1996 y a partir de hoy podremos ir al cine en busca de una segunda parte. ¿Qué debemos esperar de T2? ¡Choose to watch it!

Partamos de una premisa: La vara era muy alta, el señor director nos malacostumbró fuerte. Trainspotting 2 tiene un mérito que es al mismo tiempo su principal limitación: cuida la continuidad de la historia y la de sus personajes, y en esa búsqueda de ser fieles a un pasado ya lejano, el guion pierde frescura e impacto. Todo resulta más arbitrario, más liviano. Pero a no desesperarse. ¡Choose to go on!

Los fanáticos de aquella primera entrega, transgresora por donde se la mire, podemos sentirnos interpelados en esa lealtad y reconocer que hubiera sido raro ver a Ewan McGregor y sus amigos envueltos en los mismos entuertos de la juventud. Es innegable que ese coctel de rebeldía, transgresión y crítica a una sociedad que no miraba a una parte grande de su futuro (la juventud) lo era todo. No era una película de cuatro caídos del catre que se internaban en largas sesiones de jeringas, jabón en polvo, y nada más. ¡Choose to enjoy it!

Han pasado muchas cosas en la vida de Spud, Renton, Simon y Franco al momento de arrancar este nuevo camino. Hay conflictos legales, hay soledad, hay amistad, hay miradas sobre el éxito, lo que debería ser uno después de los 40 y una cantidad de mandatos implícitos donde no hay lugar para los débiles. ¡Choose your own way!

¿De qué nos aferramos entonces para disfrutar de T2? En primer lugar de reencontrarnos con ellos, con esos tipos erráticos, reales, de carne y hueso buscando razones para escaparle al fracaso, a sus miedos y al pasado que los dejó con cuentas pendientes. Las casi dos horas de película tienen ritmo, tienen clips, tienen otra vez una música acorde a su historia: desde Iggy Pop, pasando por ochentosos y bandas locales como Young Fathers que le dan ese toque mezcla de hip hop y pop. ¡Choose to dance!

Volvamos a ser críticos. No nos pueden nublar el afecto ni mucho menos la nostalgia, sino esto parece una review de Stranger Things. La primera entrega no descansaba en una visual de impacto y un ritmo frenético. Tenía contenido rebelde, que planteaba otra mirada posible sobre el mundo de las drogas, que incluso implicaba una crítica hacia los cánones de la “normalidad”, del “buen vivir”, del consumo (en sentido amplio). Esta segunda vuelta busca darle una vuelta a eso y la búsqueda de ese objetivo tiene resultados dispares.

Hay flashbacks montados sobre escenas del presente que agradan, hay momentos de humor bien logrados pero la acción y el ritmo perdieron su esencia. Incluso hay diálogos que en sí mismo son desafiantes, provocadores pero están puesto ahí para decir algo que ya fue dicho. Actualizar un discurso que en la forma que es presentado resulta un tanto forzado, que termina por agregar un exceso de significación que empasta lo que otrora eran los grandes méritos de la historia.

De todas formas, y aún reconociendo los aspectos planteados, hay algo en ese disfrute de reencontrarse con Renton y compañía que vale la pena ser vivido. Que todavía vale pena mentirnos un poco y seguir pensando que esos cuerpos que están ahí corriendo, llevan en las venas vorágine, vértigo, vida. En definitiva es un poco eso, Danny Boyle juega a tocarle la fibra a los fanáticos que sonríen cómplices ante lo que ven.

¡Choose life again!

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Federico Piva

Periodista. Lic. Comunicación Social. Redactor apasionado, observador obsesivo y escribiente frecuente. @fedep81